martes , 4 octubre 2022
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Arturo Uslar Pietri: poder y antipoder

Arturo Uslar Pietri: poder y antipoder


Ese 18 de Octubre de 1945 le cambió la vida y su buena estrella política al más joven ministro del general Isaías Medina Angarita.

Y es que si los militares golpistas y sus socios adecos no hubieran derrocado a aquel militar bonachón y simpático, cinco años más tarde Arturo Uslar Pietri tal vez habría sido presidente de Venezuela, como todo parecía asegurarlo. “Cosas del destino o tal vez de la suerte”, debió haber pensado el también escritor y jefe del entonces partido de gobierno.

La de Uslar Pietri fue en ese tiempo una carrera política meteórica, como pocas en Venezuela. No había llegado a los 40 años y ya era un delfín en ascenso. En muy poco tiempo pasó de ser un modesto funcionario diplomático de la dictadura gomecista y novel escritor residenciado por algunos años en Europa (1929-1934) a convertirse en funcionario público medio y, casi inmediatamente, en ministro de varias carteras, tanto en el gobierno del general Eleazar López Contreras (1936-1941) como el de su causahabiente, el también general Isaías Medina Angarita (1941-1945), de quien muchos pensaron que sería su sucesor.

Tiempo atrás, mientras estudiaba entre 1924 y 1929 la carrera de Derecho, Uslar Pietri no se destacó como dirigente universitario, ni tampoco por su afición a la política, que poco parecía importarle. La suya sólo era entonces una temprana inclinación por la literatura, combinada con el ejercicio del cargo de escribiente en un tribunal caraqueño. Escribió por aquellos años en las prestigiosas revistas Élite y Billiken y también en el diario El Universal. En 1928, precisamente cuando sus condiscípulos —encabezados por Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt— desencadenaban los sucesos de “La Semana del Estudiante” en una breve como inocua protesta contra la dictadura del general Juan Vicente Gómez, Uslar Pietri en cambio estaba fundando la revista Válvula, la misma que, a pesar de haber publicado un solo número, hizo historia en la literatura venezolana. Ese mismo año fue editado Barrabás y otros relatos, su primer libro de cuentos. En 1929 se gradúa de doctor en Ciencias Políticas y viaja a Europa como funcionario diplomático. Residirá sucesivamente en París, Ginebra, Roma y Madrid. Viaja a Egipto y Marruecos. Por aquellos años escribe su novela Las lanzas coloradas. Regresará a Venezuela en 1934.

Privó en esa pasiva actitud suya frente a la dictadura gomecista la simpatía del padre con el tirano, de cuyo gobierno era funcionario importante. Pero, además, desde niño, había sido muy amigo de un hijo del general Gómez, gracias a lo cual llegó a pasar temporadas en la casa del dictador, se sentaba a comer en su mesa y hasta lo acompañó en algunas travesías por sus haciendas aragüeñas. El día que murió el anciano dictador, el joven Uslar Pietri también estuvo allí, cerca de la habitación en cuya cama por fin se dignó fallecer el hombre que durante 27 años tuvo a Venezuela bajo su omnímoda voluntad.

A partir de este momento histórico Uslar Pietri se incorporaría a la política. Su experiencia como joven ministro entre 1939 y 1945 no llegó a convencerlo tal vez de que aquella era una actividad de calle. Todo lo contrario: debió pensar que más bien se trataba, en su caso personal, de una profesión básicamente palaciega. Para otros, en cambio, la política había sido una realidad muy distinta. Algunos de ellos habían sido arrojados al exilio, luego de breves pasantías por las cárceles del lopecismo. Y eso para no hablar de la terrible experiencia de los presos políticos de la dictadura gomecista, condenados a la tortura y la muerte en sus ergástulas podridas.

Fue en tiempos de Medina Angarita cuando Uslar Pietri acarició por vez primera la posibilidad de convertirse en presidente de Venezuela en breve plazo. Según su propia versión, dada a conocer medio siglo después, el mismo general Medina Angarita le habría dicho que él debía ser el presidente que lo sucediera. Desafortunadamente, le advirtió también el entonces jefe de Estado a su joven ministro que no cumplía las dos condiciones que exigía la sucesión: no era tachirense ni militar.

Luego se produjo el golpe de Estado que acabó con la hegemonía andina en el poder y con la estrella en ascenso del escritor y político. Enseguida vinieron el exilio, la amargura, el resentimiento y su hondo pesimismo acerca de las posibilidades futuras de Venezuela. Todo conjugado en una sola y extraña mezcla, esa misma que convirtió a uno de los más talentosos venezolanos en un crítico profundo de la Venezuela de la última mitad del siglo XX.

Movido por aquellas duras pasiones, Uslar Pietri volvió a la política activa en 1958, una vez derrocada la dictadura perezjimenista. Años antes, al regresar del exilio en 1950, se había mantenido al margen, ocupado en escribir y como creativo de una agencia de publicidad, aparte de sus clases en la Universidad Central de Venezuela. Por esos años llegó la TV a Venezuela y el escritor, que había visto su poder de masas durante su estadía en Estados Unidos, inmediatamente comenzó a producir y presentar un espacio cultural llamado Valores Humanos, con el cual lograría entrar en las casas de los televidentes, sus “amigos invisibles”, como los llamó desde entonces. Pocos días antes de la caída de Pérez Jiménez, Uslar Pietri firmó un manifiesto contra la dictadura junto a otros intelectuales y fue recluido en la Cárcel Modelo de Caracas. De allí saldría la madrugada del 23 de enero de 1958, directo al Palacio de Miraflores, donde redactó —junto a Alirio Ugarte Pelayo— el acta de instalación de la Junta de Gobierno presidida por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto.

Fue electo senador en 1959 en las planchas de Unión Republicana Democrática (URD), el partido de su amigo Jóvito Villalba, quien también había apoyado al régimen medinista en 1941. Sin embargo, se mantuvo políticamente independiente, aunque sobresalió como un agresivo opositor al gobierno de Betancourt —su acérrimo enemigo desde 1945— hasta el punto de que su posición frente a la insurrección armada contra aquel régimen fue, en ocasiones, confusa y complaciente.

Durante este período, Uslar Pietri volvió a plantearse la posibilidad de ser presidente de Venezuela. Y así fue nucleando a su alrededor poderosos grupos económicos, figuras independientes y algunos intelectuales, en apoyo a su proyecto candidatural para las elecciones de 1963. Fue a la sazón un fenómeno electoral en Caracas, pero llegó de cuarto en los resultados nacionales.

Y contra todo pronóstico cometió una de sus grandes equivocaciones políticas: fundar un partido político propio —Frente Nacional Democrático (FND)— y entrar en una coalición de gobierno con Acción Democrática (AD), encabezada por el nuevo presidente Raúl Leoni, junto al partido de Villalba, lo que suponía que el Partido Social Cristiano Copei —socio de Betancourt entre 1959 y 1964— fuera consecuencialmente desplazado. El error consistió en contradecir su muy reciente discurso electoral, fuertemente antipartido y antiadeco, privilegiando su condición de independiente sin ataduras de ninguna especie. Obviamente que, al montar su propia estructura partidista y, simultáneamente, gobernar con AD, negaba su planteamiento como candidato presidencial escasos días antes. Fue así como echó por la borda sus posibilidades electorales en 1968, si hubiera sido coherente en sus posiciones.

Lo peor de todo es que esta nueva experiencia de poder terminó en otro fracaso. Dos años después, el gobierno de Ancha Base dejó de existir. En las siguientes elecciones de 1968, junto a Villalba y Larrazábal, constituiría un frente electoral, cuyo candidato fue Miguel Ángel Burelli Rivas, funcionario diplomático de gobiernos anteriores y ministro de Justicia de Leoni, quien llegó tercero en la contienda. Al poco tiempo, Uslar Pietri renunció al partido que había fundado y se retiró otra vez de la política activa. En 1969 fue designado director del diario El Nacional y allí estuvo durante todo el gobierno del presidente Rafael Caldera, su otrora contrincante político y a quien en cierto sentido tal vez llegó a considerar también un adversario intelectual.

En 1975, al salir de la dirección del rotativo caraqueño, el presidente Carlos Andrés Pérez lo nombró embajador de Venezuela ante la Unesco, con sede en París, en lo que constituyó una nueva reivindicación de la cúpula adeca hacia el escritor (la primera la había hecho el presidente Betancourt cuando lo comisionó en 1959 para que, en su nombre, inaugurara una estatua del Libertador en Washington). Estuvo en Francia cerca de cinco años, hasta regresar en 1979 al país. Luego, en 1983, el Congreso de la Republica lo escogió como orador de orden con motivo de la sesión conmemorativa de los 200 años del natalicio del Libertador.

En 1985, el presidente Jaime Lusinchi lo distinguió designándolo presidente de una comisión especial para el estudio del Proyecto Educativo Nacional. Lamentablemente, ese mismo gobierno no le dio importancia a sus conclusiones que presentó la comisión que presidió. Sin embargo, al año siguiente, el presidente de la República y su gabinete encabezaron los homenajes que se le tributaron con motivo de su octogésimo aniversario.

Estos últimos 15 años de su vida los dedicó Uslar Pietri a profetizar amargamente sobre el futuro del país y a descargar todo su pesimismo en torno a nuestras posibilidades como nación. Fue así como liderizó un heterogéneo grupo de personalidades, denominado Los Notables, a quienes CAP calificó en su último discurso desde Miraflores como “la rebelión de los náufragos políticos de las últimas cinco décadas”. Algunos, incluso, han teorizado sobre una posición suya abiertamente destructiva contra el sistema democrático imperante desde 1958, sin faltar otros que llegaron a vincularlo con los intentos golpistas de 1992, ya como inspirador, ya como facilitador, a través de sus reiteradas denuncias y críticas a las instituciones venezolanas de entonces.

La carrera política de nuestro personaje dejó algunas interrogantes fundamentales. ¿Fue realmente “el poder detrás del trono” durante el régimen medinista? ¿Convenció, como se ha señalado reiteradamente, al general Medina Angarita sobre la inconveniencia de aprobar el voto directo, universal y secreto para elegir al presidente de la República en 1945? ¿Fue esta la causa cierta del derrocamiento de aquel gobierno? ¿Pudo Uslar Pietri haber llegado a la presidencia a principios de los años cincuenta del siglo pasado, como continuador del proyecto gradualista del medinismo, si no se hubiera producido el golpe Estado del 18 de octubre de 1945? ¿Por qué fracasó en su intento por llegar a la presidencia en 1963? ¿Echó luego por la borda lo que parecía una segura victoria como candidato presidencial en 1968?

Por otra parte, ¿fueron sus posiciones políticas posteriores el producto cierto de una inquina personal contra Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, a causa de que los tres accedieron a la presidencia de Venezuela por elección popular y los dos últimos, inclusive, lograron repetir en el cargo por decisión de la mayoría de los venezolanos?

Y, finalmente, ¿se conjugaron en él, como si fueran caras de una misma moneda, el poder y el antipoder? ¿Fueron ciertas algunas posiciones que se le imputaron más tarde? ¿Se dedicó el notable escritor, en el último tramo de su larga vida, a pasarles facturas a los adversarios que le impidieron llegar a la presidencia de la República, como consecuencia del golpe de Estado de 1945? ¿Hasta qué punto fueron demoledoras sus campañas contra la institucionalidad democrática a partir de 1990? ¿Sirvió su prédica como inspiración a los militares que en 1992 intentaron dos golpes de Estado contra el gobierno de CAP?

Este libro intenta responder tales interrogantes y otras más, a través de un análisis crítico de la vida política de Uslar Pietri y del contexto en que le correspondió actuar como actor fundamental de aquellas interesantes etapas de la historia venezolana contemporánea.

Con información de: elnacional.com

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