martes , 28 septiembre 2021
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Véalo: Enemistad familiar por una casa (Una mirada a la sociedad)


Lcdo.: Dou­glas V. Mar­val A.

CNP: 18.896

Este articulo lo redacté hace 10 años atrás. Me lo tropecé por casualidad, borrando archivos para tener espacio en mi PC personal. Lo vi con vigencia y quise traérselo nuevamente (estos casos están abundando): Rubén Blades en una estrofa de sus canciones, dice: ”Que el amor de padre y madre no se cansa de entregar (…) que deseamos para ustedes lo que nunca hemos tenido y a pesar de los problemas “familia es familia y cariño es cariño” (….) “por mas problema que hallan dentro e’ tu casa, por mas que creas que tu amor es causa perdida, ten la seguridad que ellos te quieren y que ese cariño dura toda la vida” (….) “cuanto control y cuanto amor tiene que haber en “una casa”, mucho control y mucho amor para enfrentar a la desgracia”.

Tremendo tema, a mi entender el que tocó Blades. A pesar de las diferencias que tenemos con cualquier familiar, siempre seremos familia.

Es de suma tristeza cuando lo material reemplaza los nexos familiares, consanguíneos y sentimentales. Esa parte material, es si se puede decir, de “propiedad familiar” y de todos por igual.

Un hogar se hace de esos valores que empiezan cuando una pareja se unen para procrear hijos y que esa “propiedad material y familiar” como es una casa, se convierta en herencia para toda esa prole que engendraron, pasando de generación en generación.

Hasta allí, el cuento de hadas es de maravilla. ¿Pero cuantas familias no se han enfrentado “a muerte” por una casa que dejó el viejo o la vieja al momento de colocarle alas a su alma y partir a la eternidad?

Muchas veces no han exhalado el último aliento de vida y su cuerpo aun estando caliente, ya están haciendo planes para ver que van hacer con la casa o con algún bien material. En pleno velorio ya se están repartiendo y dándose de bofetadas, marcando quien o quienes se quedan con que. Hago la salvedad que no es mi caso familiar, aclaratoria para aquéllos “sesudos”… ¡Porsia!

Hermanos que se enfrentan, llegándose a odiar a muerte porque asumen que esa casa material le pertenece. ¡Que lastima que la educación, los buenos votos y augurios de unos viejos que levantaron con esfuerzo un hogar, les importe un carajo!…. ¡Tamaño error!

La violencia física y verbal, los tiras y encojes, los dimes y diretes, los problemas de tipo legal; ser la comidilla y el “hazme reír” de la gente, por el espectáculo que hacen, son el día a día de varias familias. Se pueden hacer varias preguntas: ¿donde está la educación y la unión que esos viejos les enseñaron? ¿Será que araron en el mar? ¿Son hermanos o enemigos? ¿Le interesan más cuatro paredes que abrazarse como familia? ¿Y la sangre?

La historia se repite una y otra vez en cualquier punto de la geografía nacional (e internacional también). Parecen Hienas asesinas, con ojos rojizos, respirando rápidamente con mal aliento en grado pestilente y nauseabundo. Con baba saliendo de sus fauces y una sonrisa diabólica es lo que sale al exterior de cualquier familiar que pelea por algo material, por una casa que “no la construyó”, teniendo “solamente” derecho por ser hijo de ese matrimonio.

La muerte del ser querido, que podría convertirse en un momento de unidad de quienes participan de la misma sangre; marca el inicio de un calvario de enfrentamientos, acusaciones, rabias, por un puñado de dinero, por una casa o unas tierras, por cosas materiales que duran lo poco que puede durar una vida. Muchos de “los viejos” saben, que antes de partir a la eternidad, habrá problema con tal o cual por su avaricia.

No es fácil evitar estos problemas. Si la herencia toca a varias personas, basta con que una de ellas tome una actitud ambiciosa o de desprecio hacia los demás para que empiece la tormenta.

Los argumentos en este tipo de conflictos son muy válidos: “Yo fui el único que cuidé de mamá mientras estaba enferma y tu no hiciste nada,”. “¿Cómo te atreves, después de más de 30 años de vivir alejado completamente de papá o mamá, a pedir ahora tu parte en la herencia?” ¡Esta casa es miiiia!!!!… ¿cree que se va a quedar con la casa?….. ¡Él que no busque nada aquí!!! Y otras frases peyorativas. La lista podría multiplicarse, pues las situaciones son muy variadas.

Cuando el conflicto explota, la rabia, tal vez el odio, penetra en los corazones. Unos hermanos que parecían unidos ahora se acusan mutuamente.

En estos casos, sin embargo, aunque parezca difícil, pueden hacer el esfuerzo por superar rencores. También a quien no lo merecería: sigue siendo de la misma familia, comparte la misma sangre.

Muchos llevan el conflicto a los jueces. Desde el tribunal, es triste ver cómo dos o más hermanos se denuncian y se enfrentan duramente por cuestiones económicas; ver cómo luchan entre sí, cómo son manejados a veces por abogados poco honestos. Llegan a mirarse con odio feroz: con rabia “fratricida”.

Respeto: Quizá este pueda ser el mejor homenaje que podamos ofrecer al familiar difunto. Fue él quien, por designio de Dios, nos acogió en la vida, buscó unirnos como familia, trabajó por nuestro mantenimiento pero del “mal agradecido” está lleno el mundo. Muchos pelean por una casa aun con los padres o familiares en vida.

Alejandro Magno quiso que lo enterraran con las manos por fuera del ataúd, para que todos vieran que aunque era el amo del mundo, se iba con ellas tan vacías como las tenía cuando nació…. sin más…. ¡Por ahí nos vemos…!

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Un comentario

  1. Rosalba Penott

    Muy cierto!!!!!