miércoles , 28 julio 2021
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Los nombres de los humanos pasan a un segundo plano y es sustituido por el de algún animal.

¡Motes, remoquetes y apodos!


¡Motes, remoquetes y apodos!

Lic. Douglas Marval

 

Dijimos que los adjetivos calificativos y descalificativos están cansado de tanto usarlos. El titulo no es para ofender a nadie. Podríamos decir que esas comparaciones, que vamos a ver a continuación, son un venezolanismo. ¡Si!  son dignos de estudios en el lenguaje humano y de la RAE (Real Academia Española). El cerebro de manera inmediata da una respuesta rápida al comparar con algún animal o insecto a alguien, ya que lo asemeja en algún aspecto, con el animal en cuestión. Es parte de nuestro idiolecto, de la chispa burlista e irrespetuosa y coloquial que siempre nos acompañará. La comunicación gestual tendrá también su espacio con una explicación en “letras” pero mientras tanto desarrollaremos esta:

Tienes que estar “mosca”, porque el profesor es un “tigre”. Esos dos tienen una “culebra” porque el más alto es un “lince” en los negocios. No pueden estar juntos porque son unos “loros” y unas “cacatúas” chismeando. Eres una “rata” no me compraste lo que te dije. Fuiste un “chigüire” ya que te robaron con eso. Parece una “mariposa” porque camina raro. Son “caimanes” del mismo pozo. Es familia de “gato”. Estas como “pez” en el agua.  Esos son unos “Vampiros”. Son mal vecino porque son unos “Cochinos

 En ese autobús van como “sardinas” en lata. No bebo más, tengo un “ratón”. Es un “perro” no ayuda a nadie. Con ese color pareces un “mono”. Tiene muchos hijos  porque era un “pájaro” bravo. Con ese paso de “morrocoy” no vas a llegar. Feo como el “oso”. Y muchísimos otras comparaciones que de seguir de seguro tardaríamos en terminar este artículo. En fin, nos tratamos como “los propios animales”. Se nos olvida que somos humanos y adoptamos vivir en la selva del vocabulario. Ya no sería una sociedad sino una “fábula cargado de animales y no de seres humanos”. En las fábulas, los animales son un vehículo para mostrar no sólo valores y actitudes, sino también defectos que, generalmente, deben cambiar porque en este tipo de relatos a los malos las cosas no les salen bien.

Nunca he salido de nuestras fronteras para explorar otras culturas, pero usted de repente ha vivido en otras latitudes, puede hacer esa comparación. Nosotros, creo, que somos únicos en el planeta.

 ¡Y muchos se lo creen! Les gusta que los traten como animales porque han permitido que lo traten como insecto llegando a ser rastreros.  A otros son conocidos por su apodo y nadie lo conoce por su verdadero nombre. Y en la política, ni hablar porque quieren tratar a su gente como “animales” y lo peor del caso que ellos lo aceptan y creo que les gusta.

 Así es nuestra comunicación actual, con la chispa del venezolano, que siempre nos ha caracterizados ¿Pero cuando fue que nos desconectamos en nuestra comunicación? ¿Cuándo nos alejamos como seres de una misma raza? ¿Cuándo comenzamos a usar esas comparaciones? ¿Es el atajo más corto o ya no queremos hablar? ¿Sirven solo para ofendernos? ¿Cuándo se nos dañó el sector del disco duro del respeto? ¿Cuándo se convirtieron en apodos, motes, remoquetes cuando antes era usado para entendernos más simplemente y reírnos? Allí si estamos como los animales e incluso como minúsculos insectos.

 En esta misma onda, añadiría que somos los únicos que hablamos con los ojos, señalamos con la boca y preguntamos con la nariz… ¡Por allí nos vemos!

 

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