viernes , 23 abril 2021
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AUDIO/ La cantante que lucha en Nueva York pero siempre con el corazón en su Puerto Cabello


Puerto Cabello (Pausides Rodríguez).- Desde hace cuatro años la cantante de orquesta Kathy Colmenares vive en Connecticut Norwalk, con su esposo y dos hijos, abriéndose camino en el ambiente musical neoyorquino pero alternado con otras ocupaciones; y a pesar del tiempo, la distancia, los proyectos y ajetreo propio de tan cosmopolita urbe, su corazón está en el barrio Bartolomé Salom y sus recuerdos en la gratitud de todos quienes la han impulsado a cultivar su talento y a crecer día a día como persona.

En el canto está desde muy niña, cuando en su época escolar en el colegio La Coromoto, formó parte del grupo del coral de ese plantel; mas su trayectoria como profesional la comenzó ya veinteañera, por instinto, casi por casualidad, según evoca:

“A los 23 años fui por primera vez a la tasca restaurant Los Embajadores, y cuando vi y escuché al grupo que estaba amenizando esa noche, sentí cómo esa vibra; sonaban demasiado bueno y para sorpresa la vocalista, Candy Loiza, había sido mi compañera de estudios en primaria y estuvimos juntas en la coral”.

Kathy recuerda que en un intermedio de la presentación abordó a Candy, quien al principio no la recordaba, “era obvio, había pasado mucho tiempo”, pero en segundos la magia de aquella amistad infantil renació y entre el bullicio de esa noche que resultaría muy especial, comenzó a hacer planes como cantante.

“Le pregunté cómo podía hacer para incorporarme a algún grupo; ella me preguntó si tenía experiencia, le contesté que no pero que me gustaría intentarlo; inmediatamente me dio el contacto de Alex Lucambio, director de Alpha Show, quién días después de manera muy gentil me recibió y me aceptó en su grupo, momento a partir del cual se dedicó a educarme musicalmente”.

Una nueva experiencia había comenzado, inicios que siempre estarán atados al recuerdo del director de Alpha Show.

“Inmediatamente empecé a conocer muchos a muchos profesionales del medio, y a trabajar con ellos, lo cual fue mi apalancamiento; quiero destacar de manera muy especial que Alex fue y seguirá siendo mi mentor, lo aprecio con la vida, porque me educó de tal manera que no hay un día que no recuerde sus lecciones y recomendaciones que yo no ponga en práctica”.

Palabras de gratitud también tiene para con otra vocalista quien le enseñó lo pragmático del oficio, “de eso que no se ve en la tarima”.

“La Nena Vargas me enseñó la astucia, el carisma con el público, la seguridad, lo bueno y no tan bueno del medio; porque vaya que había que aprender muchísimo de ello; tengo demasiado que reconocerle a todo el equipo que en su momento conformó la agrupación Alpha Show; la cantante Karelis Campos es mi amiga, hermana y la  extraño demasiado, es una amiga incondicional y con un temperamento confortable para trabajar”.

CERRANDO UN CICLO

Tal como lo expresa la canción aquella, todo tiene su final, pero a los años maravillosos transcurridos con la agrupación de Alex Lucambio, se vinieron a sumar más con otra orquesta de la localidad.

“Se presenta la oportunidad de incorporarme a la agrupación Saoko Show, su director Gustavo Ramones me contacta, informándome que sus vocalistas saldrían de la orquesta por motivos ajenos a su voluntad por lo que me invita a formar parte de su orquesta; fue una experiencia extraordinaria, pues era la primera vez que iba a cantar con acompañamiento de instrumentos en vivo; la dinámica era diferente pues me generaba una adrenalina muy emocionante”.

Y también en Saoko Show la vocalista de esta historia consiguió profesionales del medio para seguir aprendiendo y cultivando amistades.

“El pianista era Cesar Larrazabal, quien lamentablemente ya no se encuentra con nosotros; él me dio soportes muy valiosos a nivel musical, siempre me dijo que podía dar más y eso quedó grabado en mi cabeza; Steven Mijares, mi hermano del alma, un ser con una vibra majestuosa, me empujaba a arriesgarme a soltarme y eso me generó confianza y junto a Eduard Arcila fueron unos  compañeros incondicionales; agradezco y abrazo en la distancia”.

Con la orquesta de Gustavo Ramones transcurrieron dos años porque la directiva decidió hacer unos cambios con su vocalistas, (normal en toda agrupación) y además ya residenciada en la ciudad de Valencia era muy cuesta arriba bajar a los ensayos, pero siguió matando sus tigritos en eventos privados. En ese ínterin trabajó con Geocar Curvelo, reconocido músico y productor musical, quien también aportó significativamente a su carrera musical.

“Trabajar con Geo fue lo máximo, era un mezcla de bochinche con disciplina; nos decía disfruten, pero pilas, no desafinen, lo disfruté mucho y agradezco infinitamente, el cariño y respeto que me brindó como profesional; ratificó que he sido bendecida rodearme siempre de un staff de profesionales que cada uno, dentro de sus posibilidades, aportó significativamente en mi vida”.

Residenciada en Valencia trabajó en el INCES donde laboró por 10 años como supervisora de aprendizaje para menores de edad, recalcando que amaba su trabajo, porque la empatía con los adolescentes “era maravillosa y orientarlos, dar una palabra de aliento y ver resultado era extremadamente gratificante”.

“Después de vivir en Valencia cinco años, regresé a mi Puerto Cabello porque la situación se empezó a poner cada vez más difícil, y Valencia siempre fue una ciudad costosa; me recibe mi amiga, hermana, un ser extraordinario y noble, Yudisay Salcedo, con quien viví momentos maravillosos y con nosotras y nuestros creamos lazos  infinitos de amor. Fue por esa época, un 25 de diciembre, en un día de playa con mi hija, que conozco a José Oviedo, allí estaba él en compañía de su hijo, esperándome para robarme el corazón y quien con la bendición de Dios a partir de ese momento, se convirtió en el compañero de mi vida”.

EL NORTE NO ES UNA QUIMERA

En 2016 la ahora familia Colmenares Oviedo tomó la decisión de emigrar a New York. La situación económica y social en Venezuela empeoraba y un familiar les invitó a probar suerte a en la Gran Manzana “al menos por seis meses”; y de eso ya han transcurrido cuatro años que incluyen el advenimiento de un hijo que actualmente cuenta con tres años de edad.

“La experiencia ha sido dura, pero aleccionadora, es un proceso que solo los fuertes de mente pueden enfrentar; añorar a tu familia, raíces y costumbre es un golpe bajo a diario, pero pese a eso, respiras y piensas en lo mucho que te necesitan muchas personas, te vuelve el aire, y te impulsa a seguir adelante”.

En este punto de su narración Kathy hace un alto para enviar un mensaje a sus congéneres, especialmente a las adolescentes:

“No importa que tan difícil sea tu situación, no importa que te digan que no lo vas a lograr, no importa cuántas veces sientas que fracases; nada es un fracaso, de toda situación que te presenta la vida aprendes y adquieres herramientas para seguir avanzando. Solo con sentir que quieres ser mejor, y quieres dar lo mejor de ti, es el primer indicio para tener la certeza que en algún momento la gran puerta de la oportunidad se abrirá. Sigue tu sueño, tu instinto, tu corazón; el peor enemigo que todo ser humano tiene es la mente, pero, también puede ser una gran aliada. El Límite es el Cielo”.

En cuanto a su ocupación y a su vocación, nuestra entrevistada las ha debido y sabido compaginar muy acertadamente, y en ambas facetas el futuro inmediato igualmente se muestra prometedor.

“Aquí en New York también me dedico a la música, pero aquí hay que buscarse cualquier tipo de oportunidad, sin documentos no hay un trabajo estable como tal; más sin embargo, a cada experiencia que he tenido he sabido valorarla; actualmente trabajo como enfermera de personas de la tercera edad”.

En cuanto al oficio de enfermera es como una segunda vocación que ha descubierto con la atención de personas mucho mayores que ella.

“La experiencia ha sido única, he podido manifestar mi amor a otras personas cuya sangre no me corren por las venas; pero necesitan de este amor para vivir tranquilos lo mucho o poco que les pueda quedar de vida; es un trabajo complejo, el cuidar de una persona cuyas capacidades cada día son más limitantes, requiere de mucho amor, paciencia y sobre todo de humanidad; ponerte en su lugar, es desear conseguir a alguien que a esa edad te trate con amor, creo, sería el sueño de toda persona mayor. Dar siempre el extra como ser humano, no tiene precio, es gratificantes y las bendiciones son incalculables”.

Respecto al idioma, confiesa que ha sido cuesta arriba.

“Me mantengo en constante aprendizaje, la mayoría de los pacientes son americanos y en cualquier momento lo podré dominar al máximo, por lo menos ya me defiendo y no tengo miedo de hablarlo cómo me salga”.

Y es en este momento, con tantos planes y proyectos, cuando la imagen de los suyos se posesiona de su sentir.

“Mi familia se encuentra toda en Puerto Cabello, en el barrio Bartolomé Salón; soy hija de Lilia Yaraure y Marcos Colmenares, la mayor de ambos y cuento con siete hermanos maravillosos; tuve el mejor amor del mundo, el de mi abuela HORTENSIA MADURO, el mejor regalo de mi vida, con ella me creí y gracias a ella soy lo que soy, me dio todo su amor y más, y agradezco cada día de mi vida a Dios por haber sido tan bueno a dármela como ángel, cómo guía, mi soporte mi todo y la mejor abuela y ser humano del mundo”.

PERO ¿Y LA MÚSICA QUÉ?

Ya establecida en New York, tres años después de su llegada, Kathy Colmenares comienza la búsqueda de oportunidades para volver al canto y resulta que en ese momento se estaba formando la Sonora Apocalipsis de Stamford.

“Un paisano barquisimetano me puso en contacto con Julio Poma, quien tenía una orquesta como de 17 músicos, pero producto de algunas circunstancias había decidido reducir su número de integrantes y presentar la agrupación con un formato más reducido”

“Actualmente estoy promoviendo mi primer proyecto como solista con el cover Cariñito, esto con la finalidad de proyectarme como artista, darme a conocer y dar a conocer mi talento; ya mi productor musical, Carlos Cedeño, se encuentra trabajando en lo que será mi primer tema inédito, el cual vendrá cargado de mucho ritmo, muy refrescante musicalmente, algo romántico y pegajoso.

En  cuanto al género musical que cultiva ahora ante el público neoyorquino que acude a sitios nocturnos de la “Ciudad que Nunca Duerme”, Kathy, precisa que es muy variado y de paso nos cuenta una anécdota para poner fin a nuestra particular conversación.

“Con tanta diversidad hispana me ha tocado interpretar canciones de diferentes países que en la vida había escuchado; y por cierto, tengo una anécdota con respecto a eso”:

Viviendo en Venezuela, no soportaba el vallenato, para mí su letra de despecho era insoportable y más cuando veía a las niñas cantándolo; bueno nunca canté ese género allá.

“Cuando decidí empezar aquí en New York con la música, fui tocando puertas en grupos restaurante, y adivina qué; un restaurant colombiano me abrió sus puertas; solo que pensé que con mi repertorio variado sería suficiente; pues no, ellos no escuchaban temas de la Billos, no sabían de Diveana, ni de ninguna cantante merenguera venezolana, no les gusta Las Chicas del Can, ni Guaco”.

“Así que me ha tocado cantar vallenatos y un que otro género de cantina y despecho; me sacaron de mi zona de confort, pero he culturizado mi oído a otras fronteras y ni hablar de las bandas mexicanas; pero ha sido un aprendizaje valioso porque gracias a eso, al evento que vaya de cualquier país puedo resolver”

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2 comentarios

  1. Maria Auxiliadora Castro Quintela

    Arriba Venezuela y las venezolanas ¡¡¡